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En los locos, locos tiempos del año 2008, unos se empeñaban en negar la existencia de la crisis económica, los hermanos Lehman firmaron su epitafio (Bush Jr. también), el sistema financiero demostró tener los pies de barro, los paladines del liberalismo económico a ultranza renegaron de su fe clamando por el auxilio del Estado, la selección española conquistó la Copa de Europa, preludio de gestas más gloriosas, y... las materias primas escalaron hasta precios estratosféricos.
Gente muy implicada en el sector energético defendió entonces que el petróleo a 150 dólares por barril era una consecuencia natural de las relaciones de oferta y demanda, nada que ver con la especulación financiera. Hasta se tuvieron noticias de alguien que compró un contrato de futuros, uno sólo, o sea 10.000 barriles frente a una demanda diaria de más de 80 millones, con entrega a 10 años vista y a un precio estratósferico y eso ya se vio como todo un indicio de por dónde iban los tiros. Pretendidos expertos hablaban con naturalidad de la próxima frontera: los 200 dólares. Todo el sector estaba de moda y uno de los activos que revivió fue el de los famosos y polémicos biocombustibles... En fin, un proverbio árabe que me gusta mucho dice asÃ: El pájaro que vuela demasiado alto está destinado a caer. Y eso fue exactamente lo que sucedió con todo el sector. ¿Tendrán ahora una nueva oportunidad los biocombustibles? Algunos están empeñados en que asà sea. Pero se necesitan alternativas a las propuestas tradicionales, ¿podrÃa estar la respuesta en las microalgas?
En España, Repsol ha hecho una investigación ardua para desarrollar este nuevo biocombustible. El gran problema de los biocombustibles de primera generación, los obtenidos a través del proceso de cosechas como el trigo, la remolacha, la colza o el girasol, era que muy verdes no resultaban precisamente. Para su obtención se precisaban enormes extensiones de cultivo, lo que entraba en conflicto directo con la producción agrÃcola con fines alimentarios y generó un problema adicional de deforestación y destrucción de ecosistemas en regiones como EE UU, Brasil o Asia. Además estos cultivos eran intensivos en el uso de maquinaria (movida con hidrocarburos, claro), abonos y productos quÃmicos. Para completar el cuadro, en EE UU, el invento de los biocarburantes recibió numerosas subvenciones, aniquilando la competencia en paÃses como España. En mi opinión, los biocarburantes tradicionales no parecen ofrecer una alternativa plenamente satisfactoria al petróleo. La cuestión es ¿lo serán las algas?
He preguntado a Repsol y la compañÃa reconoce que hoy por hoy, los biocombustibles obtenidos a partir de algas "no son competitivos en costes". No es, por tanto, un producto que se esté comercializando, para eso harán falta varios años, pero ya se están haciendo pruebas mezclándolo en pequeñas cantidades con combustible para aviación.
Repsol defiende el carácter ecológico del producto bajo la premisa de que las microalgas no necesitan suelo fértil, no compiten con la producción de alimentos, ni agua de buena calidad, ni pesticidas para crecer. Además, las microalgas absorben una gran cantidad de CO2, el cálculo difundido por la compañÃa es que 100 toneladas de microalgas absorben 180 toneladas de dióxido de carbono. Para que este proceso de absorción se cumpla en sus mejores condiciones es muy importante que se utilicen corrientes de CO2 sin depurar, como por ejemplo de refinerÃas o cementeras.
Aún queda mucho camino para encontrar una alternativa viable y limpia al combustible obtenido mediante el refino de petróleo, pero es necesario seguir dando pasos en esa dirección.
Fuente: CincoDÃas.com /Fernando M. Badás
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